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Noticias MVS desde Haití

Última actualización: lunes 25 de enero de 2010

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La llegada a un Haití donde EU manda...

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Juan Omar Fierro, Enviado Especial...

Un día después de su llegada el buque hospital “Huasteco” de la Secretaría de Marina Armada de México (SEMAR) comenzó a descargar… pero a sus pasajeros.

Debido al control que ejerce Estados Unidos de puertos y aeropuertos en Haití, la ayuda humanitaria que llegó en el “Huasteco” tuvo que esperar algunas horas más, al igual que los médicos y enfermeras de la Armada de México, los dos rescatistas de la Secretaría de Protección Civil del Distrito Federal y los 12 integrantes de la Policía Federal.

Para arribar en lancha a los muelles de Puerto Príncipe prácticamente hay que contar con la autorización de marinos estadounidenses que vigilan el curso hasta de las embarcaciones más pequeñas, ya sea a través de lanchas rápidas o patrullas interceptoras.

Una vez en tierra, los propios marinos estadounidenses tienen el control de los pocos muelles que aún funcionan, mientras que el resto luce abandonado y semiderruido por efecto de los sucesivos temblores.

En Haití el personal de las agencias de ayuda humanitaria y los pobladores de esa nación caribeña comparten tres lenguajes para comunicarse: inglés, español y francés, su lengua oficial.

Las palabras y frases son entendibles para todos y a la vez representativas de la principal tragedia de Haití, anterior a sismos e inundaciones: la pobreza.

“Help me american” y “aquí necesitamos ayuda” son mantas y cartulinas fáciles de encontrar en barrios de Puerto Príncipe donde no se ve aún el rastro de ayuda humanitaria, donde se ve a hombres solitarios, equipados apenas con martillos, mazos y palas, buscando a sobrevivientes y cuerpos entre los escombros.

Camino a la embajada mexicana también se puede observar un alud de casas destruidas. Construidas sobre las faldas de un cerro, similar a una colonia de la delegación Álvaro Obregón, decenas de hogares se vinieron barranca abajo y no se ve ni un solo rescatista trabajando en la zona.

En el centro de Puerto Príncipe, a una cuadra de la derruida catedral, Devina Saint Ives, una señora de alrededor de 50 años, yace en medio de las ruinas, despertando más indiferencia que compasión. Madre y abuela de 10 niños, narra que deambuló por las calles de la ciudad buscando comida para ellos.

Con su voz apenas audible, dice que mientras pedía ayuda que no encontraba terminó perdiendo fuerzas hasta que se derrumbó como la propia catedral. Sólo la mirada de periodistas y curiosos logró atraer a rescatistas alemanas que la llevaron a un puesto de control sanitario que se encuentra a tan sólo una cuadra.

Tras días sin comer, lo primero que prueba es el suero y su sobrevivencia está en duda. No se diga la de sus hijos y nietos, de los cuales ya ni recuerda el paradero.

En el puesto de socorro, sor Antonio Becerra, una monja de Guadalajara, clama por la ayuda humanitaria que no llega a su destino.

AUDIO

Muy cerca de ahí, en las ruinas de lo que alguna vez fue el Palacio de Presidencial, con un Presidente de Haití, René Preval, cada más lejano a sus gobernados se puede encontrar una leyenda escrita en creol, lengua mitad francesa y mitad haitiana: “Barak veye mezon”.

“Barak está es la Casa Blanca”. Como una interpretación real del grafiti, minutos después aterriza un helicóptero de la Armada de Estados Unidos en el despacho del presidente haitiano.


Hay maniobras que apenas si duran, la aeronave levanta el vuelo y una joven haitiana aprovecha el momento para cuestionar. “Que nos digan los americanos a que vienen, porque se necesita mucha ayuda en las calles y ellos sólo dan vueltas, pero no nos dejan trabajar”, increpa Dasmar.

Poco después suaviza su tono: su madre vive en Miami, Florida, pero no se puede comunicar por el colapso de las telecomunicaciones en la isla.

Un marine escucha con atención en la barricada que está a espaldas del Palacio Presidencial. Está tan cerca, tan lejos como todo lo que huele a Estados Unidos.

Publicado el: lunes 25 de enero de 2010

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